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Catenaria

catenaria adjetivo/nombre femenino 1. [curva] Que forma una cadena, cuerda o cosa semejante suspendida entre dos puntos que no están en la misma vertical. 2. nombre femenino Cable de tendido eléctrico en ferrocarriles o metropolitanos.
3. Tú. Porque la curva que forman las formas de tu cuerpo permanece como una unión inestable entre el plano en el se encuentra tu mirada, arriba, y aquel en el que descansan tus caderas, que es también en el que encontramos la mirada del resto; porque en ocasiones me parece que cuelgas de los cielos, sostenida solamente en este mundo por una mano invisible,
y  sobre todo
porque pasa a través de ti una corriente eléctrica que me pone los pelos de punta cada vez que cualquiera de mis dedos viaja
de un lado a otro de tu cuerpo.

Libro y firma

Los restos de la derrota son 62 páginas de poesía directa ycargada, como las mejores armas. Un paseo por las pérdidas y por los fracasos. Como dice la cuarta de cubierta, una exploración personal de algo que todos hemos hecho magníficamente bien alguna vez: perder.


Es también mi primer poemario (editado) y ya se puede comprar en la tienda virtual del editor, Baile del Sol:
http://www.latiendadebailedelsol.org/277-moro-roberto-los-restos-de-la-derrota.html

En un par de semanas, además, estará en (algunas) librerías. Antes de eso, para los que están por Madrid, estaré firmando ejemplares el lunes 8 en la caseta 50 (Maidhisa) de la Feria del Libro, de 18h a 19.30h. Allí ya está a la venta, para los que quieran darse una vuelta este fin de semana de casi verano.


Pequeñas mudanzas

No creo que queden lectores regulares de este intermitente blog, pero por si acaso hay alguno, y también para aquellos que caen aquí de vez en cuando y quieren seguir camino por la misma senda, he de decir que desde este marzo escribo también en Planisferio. Además he empezado a colaborar haciendo reseñas en Libros y Literatura. En los dos casos me encontrarán como Roberto Moro. 

Seguirá habiendo poemas por aquí, seguramente uno al mes. Esto no se para...




Plan infalible

Si viviera al otro lado de la calle, si tuviera un piso a los quince o veinte metros que separan tu ventana de la ventana del vecino de enfrente, un tercero un tanto antiguo en el que los chirridos de la madera bajo mis pasos descalzos se confunden con los lamentos de las viejas de los pisos inferiores,
un tercero sin ascensor, exterior en barrio animado pero silencioso,
pasaría los días trabajando duro, muy duro, de ocho a diez, jugaría al golf con mi jefe, pelotearía a las secretarias, aprendería idiomas, programación, sopas de letras e incluso mecanografía; vendría la ministra de trabajo a mi trabajo y me harían un molde a escala para ponerlo de ejemplo en las escuelas de negocios.
Los fines de semana cogería otro empleo. Tomaría de nuestros padres prestado aquel tiempo en el que un hombre podría ostentar dos trabajos a la vez, y sería el guardia seguridad que resguarda los sueños de algún Imperio del Mal o el comentarista más emotivo del Carrusel Deportivo del domingo.